Destripaos los unos a los otros- dijo vacilante y enhiesto.
El hielo se arma y desarma por doquier, no existe forma de extraviarlo en un
mundo tan lejano y desconocido por los humanos. No existe forma de volver a
creer, hasta Jack Torrance lo sabía, la esperanza se hundió en el pozo y se
difuminó en el agua negra aquel día de invierno.
Solo, no me dejes solo-
aullaba, maldecía y escupía a ratos brevemente una canción, una canción
de adiós inesperado y de juegos del pasado. Lleno de luz era nuestro pasado, y
el vuestro un escondrijo inalcanzable y violáceo… ¡No pude entender su
significado! ¿Cómo no pude?, algunos pudieron ciertamente.
La lista de groserías quedó sobre la mesa. “Andén cuatro,
por favor abordar el ferrocarril”. Un valium a la boca y un gran sorbo de café
humeante, tragaos los unos a los otros y la angustia desaparecerá de la
víspera.
Aún quedan motivos, grandes y pequeños, para seguir
persiguiéndolo y ahuyentándolo por el bosque a veces. Sólo a veces quedan
motivos. Sólo a veces lo persigo, porque todo lo que quedaba en la cartera de
Amanda eran cenizas y lápices labiales embotados y antiguos que “a veces”
pintaban sus labios.
Toma lo que tengas y quémalo, o arrójalo al mar negro si
tienes fuerza suficiente para una despedida.
Ayer me di cuenta… la vida es… sólo es lo que es y un poco
más que eso.
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