jueves, 14 de junio de 2012

Vagar de la mente


Destripaos los unos a los otros- dijo vacilante y enhiesto. El hielo se arma y desarma por doquier, no existe forma de extraviarlo en un mundo tan lejano y desconocido por los humanos. No existe forma de volver a creer, hasta Jack Torrance lo sabía, la esperanza se hundió en el pozo y se difuminó en el agua negra aquel día de invierno.
Solo, no me dejes solo-  aullaba, maldecía y escupía a ratos brevemente una canción, una canción de adiós inesperado y de juegos del pasado. Lleno de luz era nuestro pasado, y el vuestro un escondrijo inalcanzable y violáceo… ¡No pude entender su significado! ¿Cómo no pude?, algunos pudieron ciertamente.
La lista de groserías quedó sobre la mesa. “Andén cuatro, por favor abordar el ferrocarril”. Un valium a la boca y un gran sorbo de café humeante, tragaos los unos a los otros y la angustia desaparecerá de la víspera.
Aún quedan motivos, grandes y pequeños, para seguir persiguiéndolo y ahuyentándolo por el bosque a veces. Sólo a veces quedan motivos. Sólo a veces lo persigo, porque todo lo que quedaba en la cartera de Amanda eran cenizas y lápices labiales embotados y antiguos que “a veces” pintaban sus labios.
Toma lo que tengas y quémalo, o arrójalo al mar negro si tienes fuerza suficiente para una despedida.
Ayer me di cuenta… la vida es… sólo es lo que es y un poco más que eso.


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