lunes, 13 de agosto de 2012

Mirarte


Mirarte es sentir el vacío, es como caer de una altura indescriptible y sentirse vacío por dentro, como una carcasa. Mirarte a los ojos es imposible, porque tus ojos queman mis pupilas, hacen llagas en mi mente y me hacen sufrir. Un día me atreví a mirarlos y mi piel se derritió, mis huesos se convirtieron en carbón negro y se fosilizó mi alma.
Interceptar tu mirada es una explosión de algún pequeño planeta en una galaxia lejana, algo que nadie conoce, desconocido para todos. Tal vez las constelaciones sepan el misterio que esconde tu mirada, Venus forjó tus ojos con el fuego más intenso del universo, un fuego que puede matar por dentro a un ser humano desprevenido.
Mirarte fijamente es peligroso, porque la profundidad de tu mirada puede averiar mi cerebro y mi memoria, dejándome frágil e incompleta para siempre.
Es un paradigma enigmático y poderoso, que me hace sentir bajo amenaza y genera en mis instintos deseos de desaparecer de la faz de la tierra.
Tengo razones de sobra para no querer mirarte, pero mirar tus ojos me provee de ese vértigo que me aferra a la vida con energía desenfrenada.
He sorteado a la muerte, la he mirado a los ojos y he salido ilesa, con mi piel lisa sin heridas ni hematomas. Ya te he mirado antes a lo largo de mi vida y llegará el día, en que te haré un guiño amistoso y seremos grandes camaradas.  



Jigsaw Negro


El jigsaw de la angustia podría llamarme.
Las piezas de mi jigsaw no me obedecen y a veces no encajan unas con otras.
Cuando encajan siempre falta una, cerca de la esquina superior izquierda de mi jigsaw.
Ocasionalmente suelo creer que es la pieza de la cordura.
Otras veces pienso que me sobra cordura y que la pieza que falta es la de la simpleza.
A veces quisiera no saber ni encontrar esa pieza.
Tengo una teoría sobre mi jigsaw, cuando todas las piezas aparezcan y encajen mi cabeza reventará como piñata de cumpleaños y perderé la noción de todo en el mundo entero.
El espacio donde debería estar la pieza perdida cambia de colores.
El rojo es furia, el azul pereza, el violeta placer, el verde desahogo, el amarillo angustia.
El amarillo es el que más odio y temo, aún así siempre llega.
Piezas de jigsaw cayendo ante mis ojos, son mis cuadros siquiátricos.
Mis cuadros siquiátricos no le importan un carajo a nadie.
No tengo cuadros siquiátricos, sólo un jigsaw imposible de armar.
He intentado llenar el espacio vacío de la pieza faltante con muchas cosas, demasiadas tal vez, cosas que me han hecho daño y dejado heridas mentales.
Todos deben tener un jigsaw como el mío, tal vez la mayoría lo duda, pero es la verdad.
Escudriñar en mi cabeza generalmente empeora las cosas y me hace sentir vulnerable a la realidad, porque creo que ella no existe.
No quiero vivir en un mundo irreal, donde las piezas de mi jigsaw tomen vida y me ataquen hasta volverme loca de remate.
Nada es real.
¿Lo soy yo acaso? ¿O lo es mi rompecabezas?
Todo es real, pero el todo es la nada de los que todo lo saben, yo no quiero ser así, quiero el todo.
Todo tiene sentido, que pena. 


Marte el Dios Rojo


Podría asegurar que Marte es el planeta de la muerte. Superficie roja y carmesí, una base de sangre, sangre de animales pequeños como bebes enfermos y enanos ebrios. Preguntémosle a Marte nuestro burdo final sobre la Tierra, y seguramente el Dios de la Muerte nos permitirá saber como cobrará vuestras vidas.
Si tan sólo pudiera caminar sobre sus praderas sangrantes y resbalarme en su cáscara burdeo y coagulada, me sentaría sobre una colina a observar las cascadas de líquido rojo y erupciones rojas de volcanes mortales. Oiría los agonizantes gemidos de las víctimas de Marte y haría con ellos una rapsodia negra, un clamor al Dios Rojo… “ven, ven por mí y te seguiré a donde quieras arrastrarme”.
A Marte no le interesan las revistas de moda, sólo rasgar vestidos para tomar la trémula carne que se desliza bajo ellos y hacer de ella una gran mescolanza en una olla de acero negro, la cual revolverá pacientemente hasta obtener su pócima de muertos. 
El Dios Rojo a veces se presenta ante mí, me mira con sus ojos de fuego y lava ardiente, me intimida y me atrae a la vez. No me importaría que llegara a mi vida, haría comunión con el Dios Rojo bebiendo mi propia sangre para luego entregarle mi cuerpo terrenal y pútrido a los gusanos blancos y que hagan de él su cena favorita o su desayuno nutritivo.
Rezarle a Marte es un ritual peligroso, la muerte es traicionera y ataca en la oscuridad más profunda. Rezarle al Dios de la Muerte es paganismo placentero, se le debe entregar algunas gotas propias para que conceda su magia mortal, y si se entregan con dolor el rezo es más audible que nunca, así es como oye y obedece.
En algunos milenios Marte se aplastará contra nuestro planeta y será maravilloso, un espectáculo ardiente y mortífero. El triste y cabizbajo planeta azul sumergiéndose en una esfera de sangre y desapareciendo ambos del espacio.
¿Qué misterios esconderá nuestro rojo vecino sicópata?