Mirarte es sentir el vacío, es como caer de una altura
indescriptible y sentirse vacío por dentro, como una carcasa. Mirarte a los
ojos es imposible, porque tus ojos queman mis pupilas, hacen llagas en mi mente
y me hacen sufrir. Un día me atreví a mirarlos y mi piel se derritió, mis
huesos se convirtieron en carbón negro y se fosilizó mi alma.
Interceptar tu mirada es una explosión de algún pequeño
planeta en una galaxia lejana, algo que nadie conoce, desconocido para todos.
Tal vez las constelaciones sepan el misterio que esconde tu mirada, Venus forjó
tus ojos con el fuego más intenso del universo, un fuego que puede matar por
dentro a un ser humano desprevenido.
Mirarte fijamente es peligroso, porque la profundidad de tu
mirada puede averiar mi cerebro y mi memoria, dejándome frágil e incompleta
para siempre.
Es un paradigma enigmático y poderoso, que me hace sentir
bajo amenaza y genera en mis instintos deseos de desaparecer de la faz de la
tierra.
Tengo razones de sobra para no querer mirarte, pero mirar
tus ojos me provee de ese vértigo que me aferra a la vida con energía
desenfrenada.
He sorteado a la muerte, la he mirado a los ojos y he salido ilesa, con mi piel lisa sin heridas ni hematomas. Ya te he mirado antes a lo largo de mi vida y llegará el día, en que te haré un guiño amistoso y seremos grandes camaradas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario